sábado 31 de enero de 2009

Capítulo 4: “Aclaraciones”

San Carlos de Bariloche, Argentina:
Martin había aparecido en la sala principal del hotel. Estaba en medio de una multitud de estudiantes, que saltaban y cantaban preparándose para salir a bailar. Él, totalmente desconcertado, subió a su habitación. Se tiró en la cama y comenzó a pensar. Había desaparecido de la fiesta, y aparecido en el hotel. Estaban a unas cinco cuadras uno de otro. ¿Qué había pasado?
Entonces empezó a pensar que tenía que ver con lo sucedido en el accidente…

Matuhén se había ido con Necul, pero no sin antes buscar al perro, al que llamó Yogui. El animal terminó durmiendo en el establo, pareció entenderse con Trueno ya que ninguno de los dos hizo ningún berrinche en presencia del otro. Decidió ir a acostarse, así mañana podía levantarse temprano para ir a cabalgar…

Danco se había ido del recital luego se que se cancelara. Acostado en la cama empezó a pensar en lo que pasaba a su alrededor. Todo era demasiado raro, y entonces quedó sumido en un profundo sueño. Muy extraño fue este, porque las cosas que estaban en un sitio de pronto se hacían invisibles y se podían ver las de atrás. Este fenómeno sólo pasó al principio del sueño, pero luego se fue haciendo más débil. Danco quería seguir viendo las cosas así, por lo que probó muchas cosas distintas, pero ninguna funcionaba, hasta que le vino a la cabeza la imagen de su hermano menor, Iago. En ese instante todas las cosas se hicieron invisibles y pudo ver lo que estaba atrás de todo… fue cuando se dio cuenta de lo que pasaba, fue cuando entendió los extraños sucesos que habían ocurrido a su alrededor.
Tengo un don, pensó sentándose en la cama, soy capaz de ver a través de las cosas

Tomas entro a la habitación. Martin seguía en la cama. Parecía desconcertado, asustado.

-¿Dónde estabas?
-Acá.
-En realidad me refiero a qué hiciste después de que se empezó a venir abajo el lugar.
-Aparecí acá, no fui a ningún otro lado, es más ni siquiera pasé por la calle.
-¿Cómo es eso?
-Me puedo teletransportar.

No había pensado en como decir eso, y pronunciarlo le sonó tan infantil.
-¿Qué?
-¡Lo que dije!
-A ver, mostrame…
-Es que… no creo poder hacerlo. Lo hago sin pensarlo.
-Está bien Jumper, mañana vamos a ir a ver al profesor Farías, algo va a saber sobre esto que decís poder hacer...

A la mañana siguiente la madre de Danco le pidió que lo acompañase a hacer las compras. Él estaba decidido a probar su habilidad. Entrando al mercado vio a una hermosa chica, y sólo tuvo que pensar en su hermano para poder verla sin ropa.
Jaja, rió para sí, esto va a estar muy bueno.
Unos minutos después divisó algo que no estaba bien, en las góndolas de al lado había un hombre solo, que había metido en su mochila varios de los productos a la venta. Danco no perdió un instante, avisó a un guardia que estaba no muy lejos y éste procedió a retener al hombre y revisar la cinta de video.
-En efecto, esto demuestra que sos un ladrón –Le dijo el guardia al hombre-. Voy a llamar a la policía. Gracias niño –Dijo dirigiéndose a Danco-. ¿Cómo te lo puedo agradecer?
-No se preocupe, para mí es un placer poder ayudar. –Respondió Danco volviendo con su madre…

Necul despertó sobresaltado, la noche había sido muy agitada. Matuhén ya no estaba.
Decidió prender su computadora. Tenía varios mensajes nuevos:Cadena de amor, chistes, spam, cadena de suerte... Entonces abrió uno que decía "Campeonato Nacional de Descenso". Dos días más tarde había un abierto de descenso en Córdoba. Era la clasificación para la final del campeonato internacional, que se haría en París.Decidió ir sin dudarlo. Tenía plata ahorrada, podía pagarse el pasaje y la estadía. Bajó las escaleras para contarle a su familia, la charla no duró mucho, era la gran oportunidad de Necul, no iban a hacerlo perdérsela…


Washintong DC, Estados Unidos:
Black y el chico llegaron finalmente al pentágono. Instalaron al joven en una habitación. Todavía no le habían dicho específicamente para qué lo necesitaban, lo que lo ponía impaciente. Además tenía hambre.
El hombre le dijo que podía controlar el aire. Abrió la ventana, lleno de curiosidad, y se concentro en el viento... nada. Intentó de nuevo… las cortinas se movieron un poco. Trató de nuevo... salió impulsado para atrás, choco contra una estantería y quedo medio mareado.
Decidió que lo mejor sería salir a buscar algo para comer. Entró a una habitación donde dijo que estaría el hombre. Al ingresar, todos lo miraron. Black se acercó a él, lo agarró del brazo y lo sacó de allí arrastrándolo.

-¡No podés estar aquí! ¡Es área restringida!
-Es que tengo hambre.
-Bueno, andá a la cocina. Dobla en este pasillo a la izquierda, la tercera puerta. ¡Y dejá de alborotar!
Salió medio corriendo hacia la cocina, al menos ya tenía algo para hacer…

Isla Zazul, Selva Amazónica:
Marcos había visto una gran explosión, pero de repente todo desapareció.
-¿Marcos, estás bien? Te sobresaltaste. –Preguntó Miken, que ya había terminado de meditar.

-Sí, estoy bien, estaba meditando cuando logré poner mi mente en blanco, fue grandioso.
-¿Qué viste? –Quiso saber su amigo mientras iban caminando a la choza de reuniones.
-Mirá, aparecí en un monte junto al hombre jaguar. Él me dijo que quería mostrarme algo y luego aparecí en una fiesta no se donde…

-¿Y entonces?
-Hubo una extraña explosión. Había otro zazuliano ahí, mencionó que había una gran cantidad de titanes en aquel sitio.
En ese momento legaron a la choza, donde el chamán de la tribu iniciaba un rito…

-Tierra del sol, sol de nuestra tierra, agua del cielo, tierra del agua, cielo del sol, cielo de esta tierra, danos tu vida en este día, para aclarecer la importancia de este Venvenú.
-Hablando de fiestas -Susurro Miken…

San Carlos de Bariloche, Argentina:
Danco volvió a su casa. Mientras miraba televisión llamó su primo, desde Córdoba, anunciando que tenía una importante competencia ciclística e invitando a verlo competir. Ni los padres ni la hermana de Danco podían ir por sus trabajos, pero el chico insistió en hacer el viaje. Luego de unos minutos de charla sobre como debía comportarse su padre terminó cediendo a comprarle el pasaje…

Matuhén regresó a su casa luego de una linda mañana de cabalgata con su caballo y su nueva mascota. Entonces se enteró de que su hermano había dejado la ciudad para ir a una carrera de descenso, por lo que decidió acompañarlo. Luego de hablar con su madre acordó que lo mejor sería que él también vaya a esa competencia. Rechazó el dinero que su madre le ofreció para los boletos alegando que tenía ahorros, pero la verdad no era exactamente así, esa plata no iba a alcanzar para pasajes, estadía y comida, por lo que tenía que recortar gastos.
Una vez que armó su mochila salió al bosque y se concentró en llamar a los animales:
-Animales del bosque, necesito a alguien lo suficientemente grande y fuerte como para llevarme a otra ciudad.
Luego de unos segundos aterrizó frente a él una gran águila. Un tanto más grande que lo normal.
-¿Quién sos? –Preguntó el joven esperando algún tipo de respuesta por parte del animal, y no se sorprendió al captar ciertas palabras en entre los graznidos del gran pájaro:
-Soy Anuma, la gran águila.
-Perfecto, necesito ir a Córdoba…

Isla Zazul, Selva Amazónica:
Marcos no entendía el porqué de que la gente lo mirase. Entonces comprendió todo cuando el jaguar del chamán se le acercó trayendo consigo la insignia Z.
-Es hora, Marken, es hora de tu Venvenú.
El venvenú es la festividad en la que un chico pasa a ser miembro de la liga de Zazul, esto implica muchas responsabilidades, en cualquier momento podría ser obligado a buscar a algún hombre en alguna extraña zona del mundo.
El objetivo de la liga es inspeccionar las habilidades tomadas por la evolución.El primer evolucionado, o titán que es como lo llaman los de la liga, fue Zazul. A lo largo del tiempo Zazul fue conociendo más gente con habilidades, por lo que formó la Liga Zazuliana, para así poder investigar como se daban estos dones. En la liga había tanto titanes como humanos corrientes. Así fueron descubriendo que estos poderes provenían de los genes, ya que si ambos padres eran titanes el hijo, generalmente, también lo sería.

Y ahora Marcos iba a iniciarse para formar parte de la Liga Zazul…

San Carlos de Bariloche, Argentina:
Adrián abrió los ojos. Ya era de día. Estaba en una cama, pero no tenía idea de donde...
Quiso levantarse, pero le dolía todo. Se descubrió una marca en el pecho, como si se hubiese quemado con algo. Corrió la sábana...
-¡Era hora! –Le reprochó Nadia, entonces notó que estaba en su habitación. La miró y pensó en lo que podría haber pasado. Le dijo:
-¿Nosotros no...?
-Quedate tranquilo, no hicimos nada de eso. Quedaste inconsciente anoche y te traje acá. Yo dormí en el sillón.
Por la cabeza de Adrián pasaron imágenes de la fiesta, y empezó a acordarse de todo...
-¡Mía, estaba en la fiesta, tengo que llamarl...!
-No te preocupes, están todos bien, el único que salió lastimado fuiste vos. Estuviste en un mal lugar...
Los ojos de ella querían decir algo, pero su boca se lo impedía, así que Adrián decidió averiguar él que sucedía. Se incorporó hasta quedar sentado...
-¿Que pasa? -Le dijo.Ella se sentó a su lado, parecía que iba a llorar. Y entonces habló...
-Desde lo de Walter, me empecé a sentir distinta -Empezó a decir-. Hay algo demoníaco en mí. A veces me pasa cuando me deprimo, me enojo o me sobresalto, entonces es que sucede. Empiezan a andar mal los aparatos o se calientan algunas cosas. Lo que pasó en la fiesta es mi culpa, estoy enferma, ¡y no sé de qué!
Pero a Adrián se le ocurría que podía estar pasando. Había conocido a un tipo raro que podía correr más rápido que un avión, después estaban las voces en el concierto. Por supuesto que esto ya no le parecía raro, y ahora sí estaba seguro que no tenía nada que ver con las drogas...


Washintong DC, Estados Unidos:
El chico está impaciente. Pensó Sean Black. No puede esperar a que reorganice todo. Bien, es hora de contárselo.
Caminó lentamente hasta la cocina. Lo encontró comiendo un sándwich de pescado.

-Muy bien, es la hora de la verdad. -Dijo con cierta ironía.
-Ok, que valga la pena.
Lo llevó hasta el lugar de trabajo; Mike y Bobby estaban sentados, perdiendo el tiempo.
-¡Arriba todo el mundo! Éste no es un lugar para descansar, acá se viene a trabajar. Bobby, encargate de controlar el AdvancedSearch, no quiero perder ninguna buena noticia. Mike, andá investigando todo acerca de Ghoter, el neoyorquino. Kyle, paso a explicarte. La humanidad está evolucionando.

-Vaya, que novedad.
-No seas sarcástico. Actualmente, la humanidad esta evolucionando de una manera muy rápida y curiosa. Por ejemplo, es literalmente imposible volar. Me refiero a volar sin ningún tipo de avión, alas, etc. Pero ese límite que teníamos los humanos se perdió. Igual que muchos otros, como el del tiempo, etc... Vos, por ejemplo, podés controlar el aire. Yo puedo controlar el tiempo. Una demostración.
-¿Eh...?
Sean se concentró en usar su don, su poder. Observó a su alrededor: todos estaban quietos como estatuas, ningún ruido. Kyle tenía una mueca de desconcierto en su cara. Mike estaba con un dedo en la nariz. Caminó alrededor de ellos. Quitó todo lo que había en la mesa, le sacó la gorra a Kyle y la puso detrás suyo. Ahora, el tiempo a velocidad normal... Pensó
-¿Eh...? ¿Qué hiciste?
-Detuve el tiempo. Te lo dije. Muy bien, ya está demostrado, ahora pasemos a otro tema. Necesito de tu ayuda para encontrar a más personas en nuestra situación.
-¿Vos también tenés poderes? -Le preguntó Kyle a Mike, haciendo caso omiso de lo que le pedía Sean.
-No, yo no.
-Basta. ¿Qué decís? –Interrumpió Sean.
-Creo que… sí. Está bien. Por supuesto. ¿Quién es el primero señor…?
-Black. Llamame señor Black –Dijo el agente-. El primero en la lista se llama Adam Gother. Vive en New York, más específicamente en Queens y tiene el poder de ver el futuro. Esto nos va a complicar las cosas. De todos modos, tenemos algo de información, ya que salvó milagrosamente a unos amigos suyos de un accidente.
-Y eso nos ayuda en... –Cuestionó el joven.
-En que lo rastrearemos desde el lugar del accidente hasta su paradero actual.
-¿A mí también me estuvieron rastreando así? Porque de ser así, les tengo varias quejas sobre la privacid...
-Haz silencio y escucha –Interrumpió Black-. Partiremos mañana en la mañana en un jet privado. Te aconsejaría que intentes de practicar un poco con tu habilidad, porque puede resultar oportuno. Hay una habitación vacía en la planta baja…

San Carlos de Bariloche, Argentina:
El Emisario, John Smith, y el Embajador, Jason Grey estaban en el balcón de uno de esos edificios de cinco pisos. Enfrente, en la otra cuadra, podían ver al objetivo hablando con una chica. Que maldito suertudo, pensó Smith. Con sus binoculares de aumento y sensores de calor podía ver bastante bien la escena. Grey, a su lado, vestía una túnica larga con capucha, después se queja de que yo no paso desapercibido, pensó…

Adrián puso su mano en la cara de Nadia a modo de consuelo:
-Mirame, mirame -Le pidió. Ella levantó la vista hasta la altura de sus ojos-. Vamos a descubrir que pasa, te lo prometo, no tenés de que preocuparte. -Ella lo miró, sus hermosos ojos celestes se clavaron en los de él, secos y pardos.
Perdón Walt, pensó Adrián.

Entonces la besó...

Martin y Tomas llegaron a la oficina del profesor.

-¿Como les va? –Preguntó un hombre de avanzada calvicie en un español que les costaba entender, pero podían expresarse.
-Bien, profesor. Acá mi amigo Martin tiene un problemita.
-¿Ah, sí? ¿Que problema?
-Este... Le parecerá raro, tonto. Seguro que no nos creerá, al menos yo no lo haría. El caso es que creo poder teletransportarme.
Se le quedó mirando de una forma bastante rara, pero pasados unos segundos habló:
-¿Te puedes teletransportar?
-Sí.
El científico se dio vuelta y miró a Tomas:
-¿Me está cargando?

-No señor. Es en serio. Es lo que cree.
-Bueno, veamos. Si es en serio, entonces una de mis teorías se hace realidad.
-¿Que teoría? -Preguntó Tomas.
-Dime Martin, ¿tuviste alguna enfermedad de pequeño?
-Si, asma. Pero no entiendo que tiene que ver.
-Mucho. Dime, ¿te curaste, no?
-Sí. A los ocho años.
-Eso lo explica. Digamos que fue tu cuerpo quien te curo.
-¿Como...?
-Espera, déjame terminar. Tu cuerpo mutó para poder salvarte.
-¿Yo muté?
-Así es. Tu mutación te dio un don, un poder si así querés llamarlo. Es por eso que te podés teletransportar. Si es verdad que podés hacer eso.
-Claro que sí. Es más, ya lo hice dos veces.
-Gracias profesor Farías. Es todo lo que necesitamos. –Dijo Tomas.Después tomó del brazo a Martin y lo hizo salir de la oficina.
-¿Se puede saber por que hiciste eso? –Dijo de nuevo en inglés.
-No me gustaría que empezaran a estudiarte…

Washintong DC, Estados Unidos:
Kyle fue a su cuarto y preparó la mochila nuevamente. Después agarró algunos almohadones y otras cosas y fue a la habitación que Black había dicho. Tiró todo al piso y empezó a intentar echar ráfagas de aire, a ver si así los podía mover. Pasada una hora de intentos, pudo hacer que se desplacen de un lado de la habitación al otro sin detenerse. Practicó unos cuantos minutos, hasta que estuvo demasiado cansado y decidió irse a dormir…

San Carlos de Bariloche, Argentina:
Martin salió con Tomas al parque. Estaba enojado por la actuación de su amigo. No creía que el profesor Farías fuese así de malo.
De pronto, sintió como cesaba todo el ruido.

-¿Tomas?
Miró a su amigo y se llevó una sorpresa. Estaba quieto, como una estatua. Sin darle tiempo a nada, una figura apareció adelante suyo. Era un hombre de piel y ropa negras.
-¿Martin MaConn?
-¿Si?
-Traigo un mensaje para vos, un mensaje del futuro.
-¿Del futuro?
-Sí. Tenés que volver a New York, y encontrar al clarividente.
-¿Al clarividente? Esperá, ¿Quién sos?
El sujeto desapareció, al tiempo que todo volvía a andar y Tomas le decía:
-Lo mejor será que volvamos al hotel.
-No me lo vas a creer, pero acaba de aparecer un tipo, y me dijo que tenemos que volver a New York…

A Adrián le dolía pensar en el acto de traición que estaba cometiendo. Walt había sido su amigo, y ahora estaba enamorado de la que había sido su mujer. No podía evitarlo, pensaba en eso cuando la mano de Nadia se deslizó por abajo de mi camisa, hasta apoyarse en su pecho. Se subió mejor a la cama y pasó una pierna por encima suyo, su pecho se acerco al de él, le dolió la herida, pero no detuve a pensar en eso, era lo menos importante...

-No puedo -Le dijo-. Walt era mi amigo, no le puedo hacer esto, perdón.
-Está bien -Dijo, levantándose-. Supuse que dirías eso.
Ella parecía triste, pero Adrián no quiso intentar consolarla de nuevo para no cometer ningún error…

Ya en el hotel, Tomas le dijo a Martin:
-Mirá, necesitamos volver a casa. El funeral de Peter es la próxima semana. Necesitás recuperarte. Estando en familia será mejor.

-Esperá, lo del sujeto que se me apareció es cierto. Que me puedo teletransportar, también es cierto. Necesito volver New York, y buscar a este "clarividente". ¿Todavía no me crees?
-No sé. Es muy complicado. Es como que de repente de dijeran que existen los superhéroes y todos los seres de la ciencia ficción.

-Ayudame con esto, por favor. No creo que pueda hacerlo solo. ¿Como creés que me siento? ¿Acaso crees que esto es fácil para mí?
-No.
Se quedo callado, como si estuviera debatiendo ese difícil acertijo.
-Muy bien, te voy a ayudar. Pero tené en cuenta que todavía no estoy del todo seguro que sea verdad.
-Genial. Armá la valija, volvemos a Estados Unidos…

Smith vio a Adrián Aataca separarse de la chica. Idiota, pensó.
-¿Actuamos? –Le dijo a Grey.
-Sí, dejame a mí.
Se levantó y extendió sus brazos hacia el edificio del objetivo.
Ese muchacho vendrá por la fuerza, pensó el Embajador. La calle se resquebrajó, liberándose la tierra y las rocas que había debajo. Elevó una gran cantidad hasta ponerla justo a la altura de la ventana de la habitación de ellos.

-¡Tiene una cara de espanto que ni te imaginas! –Dijo el Emisario.
-Que bien.
Arrojó todo ese montón de tierra. El cristal de la ventana cedió y la habitación se inundó de tierra. Todo se rompió y el objetivo quedó sepultado con su amiga. Jaja, ya lo tenemos.
-¿Ves que no era tan difícil? –Dijo el Embajador.
-Mm, si, lo que digas. Vamos para allá...

Leinad estaba escondido detrás de un árbol de una calle poco transitada. Había seguido a una chica que cuidaba de el cantante que había tenido en su mente pensamientos ajenos. Mientras los espiaba se iba haciendo un esquema mental de las personalidades y las vidas de ambos. Ellos estaban en un edificio bajito y en lo que para en mentes era la casa de Nadia, como descubrió que se llamaba la chica. Adrián acababa de despertar. De repente sintió un movimiento en la tierra así que se escondió en la parte trasera de una camioneta. Entonces algo pasó como una exalación y unos instantes después leyó el nombre John Smith en la mente de Adrián.

Adrián vio caer un montón de tierra sobre ellos, pero no quedó totalmente sepultado, por lo que se liberó usando ambas manos.
Buscó a Nadia, quien estaba inconsciente bajo una gran cantidad rocas. Adrián la levantó en sus brazos y se acercó a la puerta. Antes de tocar el picaporte, éste giró solo y entró John Smith acompañado por otro sujeto.
-Hola Adrián, ¿lo pensaste mejor? –Le dijo el velocista.
-No hay nada que pensar, no pienso trabajar con alguien así. -Le respondió Adrián, cosa que no pareció gustarles mucho.
-No quisiera tener que lastimar a esa chica. –Dijo el otro sujeto.
-¡Váyanse o voy a llamar a la policía!
-¿Y qué creés que nos van a hacer?
Entonces Smith corrió rápido, y le arrebató de las manos a Nadia. Esto no está bien, pensó Adrián. ¿Qué podía hacer él frente a ellos? Con un movimiento de manos, el otro tipo atrapó su cuerpo con tierra, inmovilizándolo. Sólo podía asomar la cara. No veía muy bien, lo único que podía hacer era respirar. Pero entonces una potente luz iluminó la habitación…



CONTINUARÁ

miércoles 24 de diciembre de 2008

Capítulo 3: "Juntos de Nuevo"

San Carlos de Bariloche, Argentina:
Adrián se volvió a juntar con su banda, fue un encuentro bastante emotivo. Ensayaron todo el día. Al día siguiente sería la fiesta.
A la noche, Camilo lo invitó a comer. Adrián tuvo que contarle de su problema con las drogas. Milo dijo poder ayudarlo, tenía algunos elementos químicos que funcionaban como los parches de nicotina, sacando el deseo, pero a la vez desintoxicando, todo un descubrimiento de su padre, que los había hecho con el fin de desintoxicar a Camilo. Adrián escucho como su amigo le hablaba de una tal Victoria, con la que había estado saliendo esos últimos días. Al terminar, cuando salieron del restaurante, Camilo le recomendó que fuera a ver a su familia, ya había pasado mucho tiempo. Luego subió al auto y se fue, dejando a Adrián solo y pensativo. Al final se decidió y se encaminó a la parada de colectivos. Media hora más tarde estaba en la puerta de la casa de su madre…

En algún lugar de la Zona Aérea Argentina, cerca de Bariloche:
Se comienza a sentir que el avión impiensa a descender. Una vez estacionado, Alex agarró sus cosas y se dirigió a la escalera. Después de un rato bastante largo de buscar vio a lo lejos a un hombre pelado medio gordito, ya no era como antes, se dejó estar, pensó Alexander. El hombre lo miró por un largo rato, y al final se acercaron velozmente y se dieron un fuerte abrazo. Después de varios minutos de charlas se dirigieron al auto, un hermoso Fiat 206 plateado.

San Carlos de Bariloche, Argentina:
La mano de Adrián temblaba, no sabía como iría a reaccionar su madre después de esos cuatro meses de ausencia. Golpeó la puerta y esperó unos segundos pero no pasó nada. Golpeó de nuevo. Esta vez el picaporte giró. Del otro lado del umbral apareció a Mía, cuyos verdes ojos se llenaron de lagrimas al verlo. Entonces lo abrazó con una fuerza increíble.
-¿Dónde estuviste?, ¿Por qué nunca llamaste?, ¿Te vas a quedar?
Al oír todo el ruido la madre se acercó, parecía enojada, pero no podía ocultar la alegría. Estuvo reprochándolo casi durante una hora, luego subió a prepararle una habitación. Mía se sentó en el sillón.
-Es tarde, mañana es viernes, ¿No deberías estar ya en la cama? -Preguntó Adrián. Grave error, ella se dio cuenta de que algo me pasaba, entonces recordé que había perdido todo un día drogándose...
-Mañana es sábado –Le dijo seriamente, pero por alguna razón decidió cambiar de tema-. Escuché que se vuelven a unir "Piratas del Sur".
-Como vuelan las noticias, sí tocamos mañana en el “FestRock”.
-¿Quién va a tocar la batería?
-Julián, el hermano de Walter. -Dijo con la voz temblorosa.
Mía le miró un rato la cara, sus ojos se clavaron en los de él. A Adrián siempre le había impactado el parecido de los ojos color esmeralda de ella y su madre. Él, en cambio, había heredado los ojos oscuros de su padre.
-Contame lo que pasó. Sé que te dolió la muerte de Walt, pero no podés haber desaparecido así. –Los ojos del joven se nublaron. Prefirió no andar con rodeos.
-Me hice adicto...
-¿A qué?
-A muchas drogas, pastillas, polvos, inyectables, de todo. Paso días enteros en “Rosalandia”.
-No es nada gracioso, vamos a hablar con mamá.
-¡NO! No le cuentes ni una palabra a mamá.
-Tal vez pueda ayudarte.
-No, Milo me está ayudando ahora.
Cuando Mía se levantó, detrás de ella apareció una foto de su padre. También estaba el abuelo Fede, al que nunca tuvo el honor de conocer, pero cuya cara conocía por las fotos, no era de esas caras que uno olvidara fácilmente, tenía un gesto algo amenazador. Al contrario que su padre, quien era muy bueno con todos. Era de esas personas que siempre te hacen sentir bien por más fea que esté la situación. Lastima que no hubo nadie así para la familia Aataca el día de su muerte, hace unos años.

En eso pensaba Adrián cuando bajó su madre:
-Está lista la cama, ¿Querés un café, o un té, o un mate, o un chocolate, o algo?
-No, gracias mamá. Me voy a dormir ahora, estoy cansado.
-Sí, se te nota, estás un poquito demacrado.
Esa noche Adrián durmió bastante bien, lo único le molestaba en serio era haber dejado todas las drogas en el departamento…

Alex agarró su equipaje y lo metió en el baúl. No había traído mucho, tenía lo justo y necesario para aguantar un par de semanas hasta que lleguen sus otras cosas de Londres.

Empezaron a andar por aquellas calles desconocidas para él, mientras su hermano le hablaba de su casa, su trabajo y la naturaleza del lugar. Alexander se sorprendió de las maravillosas montañas, con sus bosques, y de los lagos.
Después de varios minutos llegó a su nueva casa, la cual estaba ubicada en un barrio llamado “El Cóndor”. Era un departamento no muy grande pero tenia una habitación para él, muy chiquita comparada con la que tenía en Londres, pero Alex recordó lo que siempre decía su madre: al mal tiempo buena cara. Dejó sus cosas en su nuevo refugio, se duchó y se puso a ordenar la ropa en un viejo armario que se notaba que era de roble medio gastado.
Se acostó en la cama y miró hacia arriba intentando olvidarse de todo e irse un lugar donde nadie lo molestara y poder pensar en nada…

Isla Zazul, Selva Amazónica:
Marcos salió de la cabaña hecha de madera de sílek, un extraño árbol del que los zazulianos obtienen mucha madera. Caminó por el terreno lleno de animales que para él eran domésticos: serpientes, jaguares, monos, entre otros. Los habitantes de la isla recorrían los caminos temprano, para ellos no existe el descanso así como tampoco el trabajo, ellos sólo viven la vida para ellos, no tienen que despertarse cada mañana para ganar dinero, la naturaleza los mantiene.
El joven fue hasta el río, y se quedó ahí meditando, junto a su migo Mik, el cual no notó la presencia de su compañero, debe estar en un alto estado espiritual, pensó Marcos.
Mik fue su amigo desde que nació, el es mayor y ya había llegado a formar parte de la liga zazuliana. Era una persona increíble, y un buen amigo.
Faltaban unos pocos días para el cumpleaños de Marcos, y este pensamiento le invadía la cabeza.
Mente en blanco…debo concentrarme…mente en blanco…lo logro…lo logro…mente en blanco…
Y al fin pudo lograrlo, entró en el estado espiritual, entonces fue cuando recibió el mensaje:
Estaba en la punta de una montaña nevada, a los pocos metros se desplegaba una jungla. De una cueva salió un hombre alto, de piel arrugada, el cual llevaba puesta una piel de felino. No, no era una piel, era un jaguar entero colgando de él.
-Tengo algo que mostrarte…

San Carlos de Bariloche, Argentina:
Necul despertó de repente. Vio a Matuhén incorporado sobre su cama, muy despeinado y con cara de susto.
-¿Qué me dijiste? -Le preguntó a Necul.
-Nada, me acabo de despertar.
-¡Que raro!
El joven escuchó algo en la ventana. Corrió la cortina y vio a un pájaro golpeando el vidrio con el pico.
-¡Shhhhhhhh! -Le gritó, y se acostó de nuevo en la cama- Ese debe ser el que te despertó, Matu.
Cerró los ojos, y unos segundos después empezó a roncar.
Matuhén se quedó despierto una hora, esperando que la voz volviera, pero no pasó nada, por lo que el joven se durmió.
Cuando comenzaba a asomarse el sol por arriba de la cortina de su cuarto se levantó de golpe, esta vez estaba seguro que de que escuchaba algo.
Bajó rápidamente corriendo las escaleras y cuando llegó al comedor vio a su madre subida encima de una silla y al gato oliendo y acechando debajo de la heladera.
-¡Hay un ratón enorme! –Gritó su madre.
En cuanto se acercó vio al ratón salir corriendo hacia las cortinas. El gato salto sobre ellas arañándolas y destrozándolas.
-¡Basta ya! -Gritó el chico.
Rápidamente el gato se quedo inmóvil, asustado por el grito.
-¡Vení acá! -Le dijo al gato señalándose los pies.
El animal se acercó, lo tomó por los pelos de la nuca, abrió la puerta y lo arrojó afuera. Luego regresó a las cortinas y al levantarlas se sorprendió de ver al ratoncito todavía ahí.
-¡Andate ahora!
El animalito salió corriendo por la hendidura de la puerta hacia el bosque.
Luego de ayudar a su madre a bajar de la silla y a recuperarse del susto, escuchó:

-¡Córtenla loco!, no se puede dormir tranquilo en esta casa. –Que gritaba Necul mientras bajaba las escaleras tambaleándose hacia todos lados.

Leinad salió del hotel para poder experimentar con su habilidad y lograr la primera fase de la investigación. Necesitaba un lugar en el que hayan muchas mentes para poder activar y bloquear su don a voluntad. Caminó por una calle llamada Moreno, y así descubrió que tranquilizándose y controlando totalmente sus emociones podía liberar y abrir su mente. Luego podía impulsarla hacia la mente que quisiera como si fuera un tentáculo de medusa, como una lengua no visible y mientras está lengua esté conectada con la mente de otro podía leer sus pensamientos. Estaba en una parada de colectivo tratando de concentrarse para poder leer la cabeza de un hombre de contextura robusta cuando leyó un cartel que anunciaba que esa noche había un concierto de bandas. Pensó que tenía que asistir a esa fiesta con el objetivo de aprender a acallar su mente y seleccionar a quien leer. Debía ser más difícil lograrlo si había muchas mentes pensando a su alrededor.

Después de desayunar, Matuhén decidió irse a pasear un rato por el Bosque con Trueno, su caballo. Necul no quiso ir, había decidido ir a la pista de saltos.
Luego de meter algunas provisiones en la mochila, salió de la casa y estaba entrando al establo cuando escuchó nuevamente:
-¡Al fin!
Se dio vuelta y no vio a nadie, se puso nervioso y empezó a mirar para todos lados pero no había nada fuera de lo normal.
-¡Carajo! Otra vez estas voces en mi cabeza.
Se montó en trueno y aún un poco asustado me adentró en el bosque, le encantaba poder estar en paz con la naturaleza.

Decidió subir hasta la punta de la montaña. Le iba a llevar todo el día.
Después de un par de horas de cabalgata decidió frenar a descansar en un arroyito que cruzaba bajo unos árboles. El paisaje que se ve desde ahí era hermoso, las montañas cubiertas de verde, el lago cristalino. Esto no tiene precio, pensó. Mientras miraba el paisaje comenzó a ver unas especies de cuevas con dibujos en las paredes. Decidió ir a inspeccionarlas.

Ató al caballo en un árbol.
-Esperame acá. –Le dijo.
Cuando llegó a la entrada de estas entendió que podría ser peligroso, en esa montaña existía una leyenda sobre brujos de las tribus nativas o algo así, pero no la recordaba muy bien, era de esas historias que le contaba su abuela, una descendiente de los que habían poblado el lugar antes de la conquista, antes de dormirse.

Al final se decidió por entrar, pero aferrado a una caña de cohiue. Se llevó el asombro de ver toda una obra de arte dibujada en las paredes y techos, parecía ser una imagen de Bariloche vista desde arriba, pero algo estaba mal: el lago estaba mas pequeño y había fuego y humo por todas partes. El joven comenzó a sudar.
Salió rápidamente afuera cuando de pronto…
¡PUM!
Un fiero golpe sacudió su cabeza, mientras caía alcanzó a ver unos pies descalzos que se le acercaban…


Cuando Necul llegó al campito, vio que alguien había hecho un nuevo salto de tierra. Tomó carrera y se impulsó con las piernas. En el aire, dobló el manubrio, como tantas otras veces, pero cuando cayo no alcanzó a enderezarlo y salió disparado hacia adelante. Entonces sintió que no caía más, había avanzado varios metros cuando chocó contra el suelo. Estaba bien, no le pasó nada, se incorporó y miró hacia atrás. La bicicleta estaba a más o menos ocho metros de donde había aterrizado. Corrió a buscarla, desesperado, con temor a que se hubiera roto, pero la examino bien y noto que no le sucedió nada…

-¡¡Aahhhhhhhh!! –Gritó Matuhén. Sintió que la cabeza se le partía, y encima no hizo más que levantarse para volvérsela a golpear, esta vez contra una roca.
Se preguntaba, qué demonios había pasado, entonces empezó a recordar poco a poco. Entonces empezó a escuchar voces, que hablaban una lengua extraña. Reconoció algunas palabras gracias a las enseñanzas de su abuela sobre la lengua mapuche.
-Tierra...poder... sol... árboles...
Luego de un rato de tratar de descifrar sus frases, decidió darse a conocer. Comenzó a caminar por un pasillo de roca y llegó a lo que parecía ser el salón común de la cueva. Ahí estaban dos de los indígenas sentados sobre grandes rocas con forma de sillón, vio por una de las hendiduras de las paredes que otros dos miraban y acariciaban a Trueno. Sintió una gran furia, pero se calmó al ver que le susurraban palabras al oído y que el caballo emitía relinchos en forma de respuesta. ¿Qué es lo que pasa?
El joven entró al salón, ninguno se sobresalto. Empezaron a hablarle, pero no era exactamente como hablar, era otra cosa, como si fuese otro idioma, pero especial, era una sensación rara, él sabía que en realidad esos mapuches no hablaban castellano, pero sin embargo podía captar la idea de sus palabras.
-Hola Controlador, ¿Cómo esta tu cabeza? –Le dijeron entre otras cosas.

Él al principio no se animaba a hablar, pero poco a poco comenzó a decir un par de cosas hasta que se hundió en lo que parecía llegar a ser una larga conversación. Le comenzaron a hablar del destino y del poder de la tierra.
-El dios sol ha concedido poderes a gente de tierra, pero gente de tierra hará que dios sol se nuble.
Otro le dijo:
-Tú, Controlador, debes ayudar a frenar el problema, usa el apoyo de tu don para controlar vida y salvar a gente tierra…

Adrián tuvo que convencer a su madre de que dejara ir a Mía con sus amigos a ver el FestRock.
Era temprano todavía, volvió al centro de la ciudad. Entró a su edificio sólo para buscar sus drogas y a Joanarc, su guitarra.
Bajó hasta la costanera y caminó hasta el puerto, en el cual está el boliche llamado "Puerto Rock".
Cuando entró al puerto y bajó las escaleras se encontró con Milo, Guante, Gaby y Julián. Los saludó, ellos se corrieron, y recién entonces la vio. Ahí estaba Nadia. Ella había estado casada con Walter hasta que la muerte los separó, la habían conocido al principio de la secundaria, y desde entonces se habían hecho muy amigos.
-Nadia... -Empezó a decir para excusarse por su ausencia cuando ella lo interrumpió...
-¡¡Tarado!! ¡¡¡Acabábamos de perder a Walt y vos desaparecés así sin decir nada!!! ¡¡¡Pensábamos que podrías haber hecho alguna locura!!! –Nadia estaba casi llorando, así que Adrián la abrazó bien fuerte. Él se sentía mal por haber abandonado todo así.
-Miren que lindo, pero nosotros tenemos que trabajar, las bandas amateur estuvieron probando hasta recién, después de que termine de desarmar Crucifixión, nos toca a nosotros, así que vayan agarrando las cosas. –Interrumpió Milo…


Después de hablar con los nativos, Matuhén escuchó:
-Hola, al fin.
Reconoció la voz, empezó a mirar hacia todos lados y vio a su caballo.
-¿Cómo estás? -Se escuchó salir desde el interior del gran animal.

¡¡Mierda!! ¿Qué es lo que pasa? Pensó.
-¿Cómo te sentís? –Insistió el caballo.
Matuhén empezó a relajarse y fue cuando comprendió que había estado viviendo esos últimos días.
Los indios parecían felices de que lo hubiese notado. Unos de los indígenas se acercó y le ofreció quedarse ahí para aprender, él rápidamente se negó, debía volver a su casa lo antes posible, ya debía ser muy tarde.

Ellos se mostraron un poco preocupados por la respuesta:
-Debes ayudar a salvar gente tierra, debes aprender a usar tu poder, Controlador.
-Los escuché la primera vez, pero también tengo una vida.
Luego de una pequeña discusión, les prometió que volvería para aprender mas. Se subió a trueno, le resultaba un completo extraño luego de haberse dado cuenta de que se entendían, pero sabía que era el mismo de siempre. Esto es muy raro. Pensó.
Comenzaron a cabalgar cuesta abajo manteniendo una animada charla. Cuando llegaba a su casa recibió el mensaje que no había recibido antes por no tener señal. “Me fui al centro, ya le avisé a mamá, venite cuando puedas, hoy vuelven Piratas del Sur” aparecía escrito en el celular junto al número de Necul. Matuhén, no lo podía creer, volvía a tocar esa banda, después de casi medio año de la muerte del baterista. Entró y rápidamente se cambió, montó nuevamente en el caballo y le dijo:
-Rápido, al centro. –Como si en vez de su viejo compañero de cabalgatas se tratara de un extraño conductor de taxis…

Después de tanto estaban de nuevo en un escenario, vinieron un montón de personas, estaba lleno hasta donde podía ver, la sensación de tocar de nuevo, el rozar de la púa con la guitarra, los par mil y los tachos alumbrándoles las caras, las luces de colores recorrían la multitud que coreaba con ellos el estribillo, una marea de gente que saltaba en sus lugares, el humo que salía desde la izquierda, todo era perfecto para Adrián...
Danco estaba entre un montón de gente saltando al ritmo de la música. Entonces pudo ver que el tipo que cantaba llevaba con una bolsa de polvo blanco en el bolsillo. Otra vez su vista hacía invisibles unas cosas y para dejarlo ver las de atrás. Sacudió la cabeza y el efecto se fue…


En uno de los cortes, mientras tocaba otra banda, Adrián salió afuera porque “necesitaba aire fresco” según le había dicho a los guardias. Se sentó en la orilla del lago, miró a su alrededor, no había nadie, entonces sacó una bolsita, la estaba abriendo cuando escucho...
-Que ruido infernal, déjenme dormir...
-Callen ese quilombo...

-¿¿¿Que es eso???
Miró para todos lados y no vio a nadie, se imaginó que habría algún sin techo durmiendo atrás de alguna pared, ya que ahí en la parte del puerto hay un par de construcciones dejadas, pero decidió no averiguarlo. En eso pensaba cuando sonó su celular, había un mensaje escrito en grande...
"Acaba de subir Crucifixión, después vuelven ustedes, Adrián, ¿Dónde estás?"
Arriba del mensaje decía que venía de Nadia. Así que terminó de hacer lo que había salido a hacer y entró...

Necul estaba en el medio del pogo cuando, viendo que él era petiso y liviano, unos tipos grandotes lo agarraron y lo lanzaron al aire. Él subió y subió, pero ellos no podrían haberlo arrojado con tanta fuerza. Finalmente, comenzó a caer, pero no muy rápido. Aterrizó parado, si lastimarse, a varios metros de donde estaban los tipos enormes. Extrañado, dudó unos segundos y entonces volvió al agite…

-Tengo algo que mostrarte. –Dijo el hombre que Marcos vio en la montaña, entonces apareció un recital de la nada, y el viejo se desvaneció. El chico estaba en medio de toda la gente, pero nadie lo veía, nadie lo tocaba. Él estaba ahí espiritualmente. Pudo ver a un chico que salía volando gracias a unos bravucones, y a lo lejos lo divisó, entre toda esa gente había otro zazuliano.
-Hey, vos. –El hombre se dio vuelta, y le empezó a mostrar el lugar, había algo raro, muchos de los que ahí estaban eran distintos…

Matuhén llegó tarde, pero llegó, entonces vio a un viejo conocido:
-¡Agus! ¿Qué hacés por acá?, te hacia estudiando en Buenos Aires.
-¿Matu? ¿Cómo estás loco, todo bien? ¿Y la familia?
-Sí, todo tranquilo ¿y vos? -Dijo el joven.
-Bien, acá me vine a ver a una de mis bandas favoritas, cuando me entere que hacían su regreso, no pude evitar viajar para verla –Le respondió-. Lastima que este baterista no sea tan bueno como el anterior –Agregó después, mientras se iba nuevamente hacia la multitud…

Leinad luchaba por apagar todas esas voces, había demasiada gente para su cabeza. En un momento habló con un viejo conocido del centro, pero decidió salir afuera porque había demasiado bullicio. A lo lejos vio a alguien sentado en la orilla del lago. Se concentró en leer su mente. Y lo que leyó fue extraño, entendió lo que cruzaba por su cabeza pero no pudo definir en que idioma estaba, era algo así como:
Que ruido infernal, déjenme dormir…
Callen ese quilombo…
¿¿¿Que es eso???
Fue extraño. Volvió a la fiesta a escuchar el último tema de la banda Crucifixión. Vio subir al escenario a un sujeto con cara de drogadicto. Era el cantante de la banda Piratas del Sur. Se concentró en él y reconoció la mente del que había escuchado un momento antes en la orilla del lago. Se concentró de nuevo, en su menté le sucedió algo aún más extraño que la vez anterior: leyó su propio pensamiento…

Matuhén salió afuera y cuando se estaba por sentar en uno de los escalones de una pequeña escalera, escuchó una voz:
-¡¡No dejan dormir a nadie!!
Matuhén entendió que no era una voz humana.
-El que haya hablado que salga de donde esté.
Rápidamente salió un hermoso y gigante ovejero alemán de debajo de una pared a medio terminar.
-Hola ¿Cómo estas? –Dijo el joven.

-Mal, no puedo dormir.
Él, luego de intercambiar unas palabras más con el gran perro, se dirigió nuevamente adentro mientras pensaba:

Cuando salga lo voy a buscar y me lo voy a llevar a casa…

Martin estaba en la barra junto a Tomas, pero éste se fue a buscar a un conocido del Centro Atómico, un tal Leinad Añep. Decidió pedir un vaso de cerveza. La fiesta se ponía divertida, estaba tocando de nuevo “Piratas del Sur”. Seguro que con unos vasos más me olvido de Peter y su desgracia. Pensó Martin, sentía toda la culpa, era él quien iba al volante. Los recuerdos lo golpearon en el pecho. Lo único que quería era irse a la habitación del hotel y tirarse en la cama. Empezaba a marearse.
-¡Me quiero ir!
De repente sonó un estruendo justo cuando él desaparecía…

La gente gritaba muy fuerte, saltaban, chiflaban, entonces Adrián empezó a escuchar muy fuerte algunos comentarios:
Que buena banda.
No es lo mismo sin Walter.
Voy a acostarme con ese tipo.

Y cosas así, que no podía entender, ya que eran demasiadas a la vez, el efecto de las drogas era muy fuerte, le dolía la cabeza, cuando salimos del escenario, una mano femenina lo tomo del brazo. Adelante suyo estaba Nadia, la miró unos instantes, parecía pálida, de pronto se el joven cayó al piso, todo estaba muy confuso, no podía pensar con claridad. Ella lo miró moviendo la boca, decía algo, pero no podía entender todo...

-Necesit...brecarga...stática...piso...
Algo pasó, porque de pronto Adrián salió despedido contra una pared, con un fuerte dolor en el pecho...
Sus ojos se cerraron, el dolor era muy intenso, todo el lugar empezó a temblar, los gritos se hacían cada vez más fuertes, entonces se desmayó...


CONTINUARÁ

sábado 20 de diciembre de 2008

Capítulo 2: “Cambios”

San Carlos de Bariloche, Argentina:
-Mi nombre es John Smith, y tengo algo que ofrecerte. –Le dijo un hombre joven, de largas mechas rubias.
-No tengo idea de quién sos, y no se como sabés mi nombre. -Le dijo Adrián.
-Mirá, yo trabajo para alguien que necesita tu ayuda. –Comentó Smith.
-Escuchame, no tenés idea de quién soy... -Empezó a decir Adrián, cuando el otro sujeto corrió hasta su mochila.
-Creo que te equivocás. -Le dijo el hombre mientras volvía a su sitio en menos de una centésima de segundo.
-¿Cómo caraj...? –Preguntó el joven sorprendido, pero el hombre lo interrumpió:
-Soy velocista –Le dijo-. Puedo moverme a una velocidad mucho más rápida que cualquier ser humano.
Adrián se asustó, no podía creer eso, se levantó, tomó su mochila, que Smith había apoyado en la mesa, y salió corriendo del lugar.
En un segundo ya había hecho dos cuadras, cuando se dio cuenta se paró en seco, pero por la inercia se fue hacia adelante, Smith lo agarró del brazo y lo sostuvo.
-Vení conmigo, tengo algo que mostrarte.
Adrián no quería ir con ese tipo, le dijo que lo iba a pensar. John Smith lo miró como si fuera un nene insoportable y salió corriendo.

El joven volvió a su departamento, no entendía que había pasado, y no quería pensar en eso. Todo debía ser efecto de las drogas. Decidió que lo mejor sería dormir…

Leinad estaba sentado en una silla que daba a la ventana. Observó a un sujeto con cara de de drogadicto que estaba en una de las sillas del centro de “La Vizcacha”, a sus espaldas. El ruido de algún motor había cesado hacía unos minutos y se encontraba tranquilo y meditabundo. Llegó la moza así que le dio su pedido, luego disimuladamente volvió a observar la mesa del drogadicto y logró ver que no se encontraba solo, estaba con un hombre rubio que le hablaba.
Este sujeto no va a cooperar, mi jefe va a matarme. Creyó oírle comentar al sujeto del pelo rubio.
¿Como sabe mi nombre? Escuchó que el otro comentaba a viva voz, sin embargo notó que no había movido la boca para decirlo. De pronto en su cabeza estallaron los gritos de los que estaban en la cocina del local, pero en vez de desesperarse, decidió relajarse. Descubrió rápidamente que podía silenciar las otras voces cuando se concentraba en una sola persona. Probó cerrando los ojos y tratando de no escuchar a ninguno. Se tapó los oídos con ese firme propósito. Muy grande fue su sorpresa al darse cuenta de que seguía escuchando todas las voces con el mismo volumen. Así que optó por otra idea, se relajó y simplemente se concentró en no escuchar lo que oía, trató de aislar su cabeza en otros pensamientos. Las voces callaron al instante. Giró su cabeza para observar nuevamente a los dos hombres a los que había estado observando. Ambos se habían ido sin dejar rastro. Se sintió muy extraño con lo que había descubierto. Así que pidió que le envuelvan su pedido para llevar, pagó la cuenta y se retiró al hotel…

John Smith estaba enojado y decepcionado de sí mismo, una vez que le encargaban algo y él lo arruinaba.
Se rehusó a venir conmigo. Pensaba indignado. Decidió que lo mejor sería volver con su jefe, y ver que iba a querer hacer ahora. Esperando que no se enoje empezó a correr, pasando la estepa, cruzando Neuquén, pasando La Pampa, llegando a la provincia de Buenos Aires, corriendo encima del Atlántico, llegando a las costas africanas, pasando por Gibraltar, dejando Madrid, traspasando los Pirineos y al fin sí, llegó a París…

Isla Zazul, Selva Amazónica:
Marcos despertó en su choza. Afuera hacía bastante calor, el sol estaba radiante, él decidió ir a caminar. Salió, todo estaba como siempre, los zazulianos caminan de un lugar a otro, algunos llevan canastas con alimentos, otros meditaban, algunos se habían ido a cazar, otros a las huertas y unos pocos sólo se dedicaban a enseñar. Zazul, una antigua civilización, posiblemente la más sabía que existió sobre el planeta. Los padres de Marcos eran exploradores, habían llegado a la isla hacía varios años y habían decidido quedarse a vivir con esa tribu. Los Zazulianos conocen curas para muchas enfermedades, saben miles de idiomas. Su religión era parecida al tao, pero mucho más completa, llena de leyendas que muchas veces se mezclan con la ciencia. Pero de lo que más saben es de la evolución, día a día se sentaron en sus lugares a ver como las especies evolucionan. Muchos zazulianos viven ocultos en el mundo, observando como cambia la raza humana. Ellos explican todos los fenómenos con viejas leyendas y antiguos mitos, pero no son los únicos que buscan entender a la evolución…

San Carlos de Bariloche, Argentina:
Leinad intentando entender todo lo que le pasaba. Estaba comiendo una milanesa con papas fritas a altas horas de la madrugada mientras anotaba en su diario de investigación:
Hoy comencé mi investigación. He notado que puedo saber lo que otras personas piensan. Hasta el momento esta habilidad se ha presentado aisladamente y sin seguir ningún patrón de comportamiento.
Mi objetivo primario es aprender a controlar esta habilidad a voluntad, si es posible, para poder decidir cuando leer mentes y cuando no, en caso de ser posible esto, aprender a seleccionar que mente leer.
Mi segundo objetivo es comprender como funciona mi poder, es decir, que mecanismos a nivel físico tiene mi cuerpo para poder lograr ingresar en los pensamientos y procesos inteligibles de otras personas, y como fueron desarrollados en mi organismo esos procesos.
Mi tercer objetivo es buscar los límites de mi don, es decir, tanto de distancia como de capacidad, con esto último me refiero a qué puede hacer una mente humana que se ha desarrollado como la mía. Posibilidades a considerar:
-Transmisión telepática de ideas e información.
-Control de éstas a nivel externo.
-Control de ideas del resto de las mentes.

-Conexión mental de memorias.
-Búsqueda de personas por medio de redes neuronales hiperconectadas.
-Control físico del cuerpo por medio de la mente.
-¿Control mental?
Mi cuarto objetivo es responder al siguiente interrogante: ¿Hay otras mentes iguales a la mía, o no iguales pero con habilidades fuera de lo común?
Mi quinto y último objetivo es, en el caso de que la anterior pregunta sea afirmativa, buscar a esas personas, comunicarles el funcionamiento de su poder, y en el caso de que sus habilidades sean peligrosas, enseñarles a controlarlas para no arruinar su vida ni la del resto.
Cerró el diario, apagó la luz y se quedó dormido…

Londres, Inglaterra:
El avión estaba preparándose en la pista para cargar a los pasajeros. En las manos de Alexander estaban los pasajes que le darían una nueva vida, un borrón y cuenta nueva, un volver a empezar. Su vida daría un gran giro una vez que se subiera al avión. No hacía más que pensar en su pasado.
En ese instante escuchó la voz en el parlante que decía:
-Los pasajeros del vuelo 83 Aerolíneas Argentinas con destino a Bariloche despegará en tres minutos.
Se dirigió hacia la puerta del avión. Miró hacia atrás, entonces recuerdos borrosos y repentinos pasaron por su cabeza. Nadie sabía que se iba a ir, sólo su hermano, con quien había hablado unos días antes, explicándole los hechos.
Los padres de Alex estaban muertos y él escapaba de ese mundo. Se sentía como un cobarde al no aceptar los retos: sus padres habían sido brutalmente asesinados y él se estaba yendo a otro país.
Tomó el avión, su destino estaba a la deriva. Se sentó y cerró los ojos, después de aquellos días tan turbulentos, conciliar el sueño no iba a ser tarea difícil…

San Carlos de Bariloche, Argentina:
Martin despertó en el hospital. Estaba acostado en la cama de una habitación. Detrás del vidrio de la puerta se encontraba Tomas. La vista le empezó a fallar y así se durmió.
A la mañana siguiente llegó el medico con el alta. Se podía ir al hotel. Salió con Tomas, esperando que su madre no tomara el primer vuelo para ir a verlo. Ya en el hotel, Tomas se dispuso a contarle lo que pasó.

-Tu auto se desbarrancó y cayó al agua. A vos te encontraron a quinientos metros del accidente, tirado en la playa. Al cuerpo de Peter todavía no lo encontraron. Ya sacaron al auto del lago. Le falta la rueda derecha.
-¿Creés que él esté muerto?
-Si.
Nunca supo como no derramó ninguna lágrima, pero siempre fue un chico duro.
-Hey, te tengo una noticia para que te alegres. Hay una fiesta mañana en la noche. Tengo un conocido del Centro Atómico que me invito, ¿Querés ir?

Martin dudó, la desaparición de su amigo le dolía mucho, pero pensó que sería algo bueno para poder despejarse. Decidió que primero que nada debería llamar a la familia de Peter.
-El padre llegará en tres días, cuando se libere del trabajo. Creo que habría que recibirlo en el aeropuerto.
-Como quieras. Yo me voy a bañar...

Los Ángeles, Estados Unidos:
Era un día muy ventoso.
-¡¡Corré, John!! -Le gritaba Kyle su amigo mientras huían en sus bicicletas de un malhechor salido de un tacho de basura. Al terminar la huida John me dice:
-Que extraño, Exway –Dijo John-, pero mientras te veía pedalear, parecía que ni te despeinabas. Y eso que teníamos viento en contra.
-Jajaja, es que la suerte está de mi lado hoy.
Después, el día se puso aburrido. La profesora de ciencias de la vida se había puesto muy pesada y terminó amonestando a todos los alumnos. Al salir, se encontré con su madre esperándolo en el patio.

-¡¡Kyle!! ¡¡¡Feliz cumpleaños!!!
-Gracias ma. –Dijo el joven.
Le extendió una mano. La abrió y entonces Kyle vio un pequeño bulto rojo. Al abrirlo, descubrió un magnífico reloj Nike.
-¡¡Gracias de nuevo, ma!! ¡Es fabuloso! Ahora debo ir a la bicicletería, porque si no el señor Hendrix se va a molestar. ¡Chau ma!
Luego de abrazar a su madre salió andando en su bici hacia la bicicletería "L.A. Bikes", el lugar donde trabajaba. Entró y vio a su jefe tirado en una silla detrás del escritorio.
-Llegás tarde. –Pronunció con una potente voz mandona.
-Ya sé, es solo que mis amigos me persiguieron un rato para tirarme huevos y harina. Por suerte se les puso el viento en contra y le erraron. Le pido mil disculp…
-Era mentira, ¡¡Feliz cumpleaños!!
Le tiró un envoltorio amarillo. Lo abrió y vio el manubrio que tanto quería para su bicicleta.-¡Gracias jefecito!
Este iba a ser el mejor cumpleaños de su vida…

San Carlos de Bariloche, Argentina:
Adrián se acababa de despertar cuando leyó en su computadora que había dos mensajes nuevos. El primero era de su hermanita, Mía. Preguntaba que cómo estaba, que hacía tiempo que no se veíamos, que mamá le mandaba saludos, y cosas por el estilo. El segundo fue el que le impactó, era de su viejo amigo Camilo, que representaba a "Piratas del Sur", su vieja banda. Decía que había buscado a Gaby y Guante, porque quería que se volvieran a juntar. Pero después de la muerte de Walter no tenía ganas de volver a tocar, Walter había sido su baterista, y en el momento de mayor éxito, cuando los conocían en todo el país, murió de una extraña enfermedad. El mail decía que su hermano Julián estaba dispuesto a tomar su lugar en el grupo para homenajearlo. Según contaba su amigo, se iban a juntar para tocar en una fiesta de rock que iban a realizar en la ciudad. Esto lo hizo olvidar de su encuentro con Smith. Fue hasta el armario, sacó la guitarra, y empezó a practicar esos viejos temas...

Washington DC, Estados Unidos:
Caminaba el largo pasillo oscuro, nadie había prendido una luz todavía. Mejor, así no lo veían venir, entre su traje negro y su piel oscura era el perfecto agente para una misión nocturna. Llegó hasta la puerta de plomo e hizo pasar la tarjeta por la ranura del Codificador de Miembros. Saltó la luz verde y se abrió la puerta. Ingresó a otro pasillo, lo atravesó y desembocó en otra puerta, idéntica a la anterior. Repitió el mismo procedimiento. En la pared se veía pintado en letras grandes: AREA Z. Es en este sitio insólito donde trabajaba. En una mesa se veía trabajando a Mike, amigo suyo y contador del área. Bobby tendría que ya estar ahí, de vuelta de Alaska. Habría que esperarlo, para saber cuales son la nuevas...
Sean se sentó y miró las últimas noticias del día. Bobby aun no aparecía. Entonces se abrió la puerta y entró una larga melena muy oscura, por fin había llegado.

-Hola, Bobby, ¿Dónde estabas? -Le preguntó Mike.
-El avión se atrasó, las ruedas se habían congelado. -Le respondió.
-Bien, ya está aquí, empecemos. –Habló Sean.
- El programa ya está terminado.
Entraron a la zona de computadoras. Estuvieron cerca de diez años preparando este programa, y ya estaba finalizado; todo estaba almacenado en la Computadora Central, la más grande y la más rápida del planeta. Bobby y Mike se pararon a los costados de Sean. Éste la encendió, solo tardó un minuto y ya estaba todo preparado para iniciar el programa “Advanced Search”. Tecleó unas letras y puso la contraseña. Se abrió al instante. El programa era grandioso: tenía un mapa global, parecido al llamado "Google Earth", pero en movimiento, los satélites estaban captando todo en ese mismísimo instante; podían acercarse hasta poder ver la mugre de las baldosas de la Plaza del Vaticano. El programa empezó a funcionar automáticamente, y los normes de las personas que encontraba iban apareciendo en los monitores:

Xyner, Kyle / Los Ángeles / Aerokinesis
Ghoter, Adam/ New York City/ Clarividencia Precognitiva
Pryde, Terry/ Chicago/ Hidrokinesis
Black, Sean/ Washington DC/ Chronokinesis
Shooter, Angela/ Dallas/ Tecnopatía
MaConn, James/ New York City/ Inteligencia Aumentada
Smith, Claude/ Massachussets/ Elasticidad
Postt, Anthony/ Las Vegas/ Fuerza Sobrehumana
McDonal, Margaret/ Houston/ Regeneración Espontánea
Petters, Teodore/ New York City/ NO ESPECIFICADO
Y la lista seguía, cada vez más nombres, ubicaciones y habilidades... Había uno, Petters, ¿Qué querría decir "NO ESPECIFICADO?" Pensó Sean, pero decidió dejarlo para después.
-¿Y bien? –Preguntó Sean
-Es... increíble… -Contestó Mike.
-Ya está. Tengo al primero: Kyle Xyner. Con ese nombre no será difícil encontrarlo…

Londres, Inglaterra:
Alex se despertó exaltado, enseguida pensó que había sido una pesadilla. Nada que debiera preocuparme, pensó. No podía dejar de pensar en su padre y su madre, los necesitaba mucho, pero debía ser fuerte todavía le queda una larga vida por delante.
Después de varios minutos de estar despierto le dieron ganas de comer algo. En seguida miró por el pasillo y vio a una azafata a la cual llamó con un simple movimiento de manos, ella le preguntó si necesitaba algo y él contestó con mucha ansiedad que quería comer algo, y la mejor opción de todas la que le dio fueron unas medialunas. Ella le contestó con una mirada que se lo traería enseguida y así fue dejó las medialunas. Antes de que se fuera, él le preguntó si faltaba mucho para poder llegar a su nuevo hogar, ella contestó que en una o dos horas estarían aterrizando, se dio media vuelta y siguió con su trabajo.
Terminó de comer, seguía teniendo hambre pero decidió no molestar más y comer cuando llegue, seguro Richard tendría algo para cenar. Tenia promedio hora y media de viaje más, no sabia que hacer, miró para ambos lados y encontró su mochila de viaje debajo del asiento, la abrió…
Miles y miles de recuerdos llenaron su cabeza. Unas lágrimas recorrieron su rostro. Encontró su anuario, tan poco había faltado para graduarse, tantas cosas había compartido con sus compañeros, pero eso ya era tiempo pasado. Encontró también un álbum de fotos, una vez abierto terminó de enterrar ese puñal que había quedado a medio camino. Miró una foto de arriba a bajo intentando ser fuerte, pero su cuerpo respondía de otra manera, la volvió a mirar: era su familia todos juntos antes de que sus hermanos se fueran de casa, antes de que sus padres fueran ejecutados en su propia cara. Quiso pasar a la otra foto pero su corazón no lo dejo, no aguantaba más ese sufrimiento. Decidió cerrar todo y dirigirse al baño. Abrió la puerta y la cerró con traba, necesitaba un tiempo a solas. Se sentó en el inodoro y lloró unos quince minutos sin parar, sin que nadie viera lo muy poco hombre que era, se mojó la cara y se miró en el espejo. Recordaba lo que había pasado exactamente, su cuerpo tenia una furia incontrolable, levantó la vista de nuevo y vio la cara del mal nacido sonriendo después del crimen. Lleno de furia observó ese espejo y éste salió despedido contra la pared. El vidrio se partió en mil pedazos. Alexander no podía creer lo que había sucedido, decidió salir rápido del baño, lo único que le faltaba era meterse en problemas…


Los Ángeles, Estados Unidos:
Al llegar a casa luego del trabajo, Kyle encontró a su madre, la cual caminó sin saludarlo hacia el living y se sentó en el sillón, Kyle hizo lo mismo. En ese momento unas cuantas personas saltaron de su escondite a la voz de:
-¡¡Sorpresa!!
-¡¡Feliz cumple!!Kyle estaba feliz, al fin un día normal y tranquilo en su vida, pero todo estaba por cambiar…


El avión particular que los llevaba a Sean y a Mike a Los Ángeles ya había aterrizado en el aeroparque de esa misma ciudad. Estaban yendo en un auto blindado que les facilitó la policía secreta. Conducía por un montón de avenidas y autopistas. La familia Xyner vive en Fouttman Street, en el centro de la ciudad. Al llegar, estacionó en la puerta de una casa estilo colonial. El buzón rezaba: "489 Fouttman Street, Flia. Xyner". Perfecto, encontraron al primero. Tocó el timbre. Una mujer abrió la puerta, seguramente era la madre del chico.
-Buen día, ¿Quién es usted? -Le preguntó, un poco desconfiada, a Sean. Él pensó que estaría igual si un negro de un metro ochenta y ocho, vestido como los "Hombres de Negro" y con lentes negros se le presentara en la puerta de su casa.
-Quiero ver a Kyle Xyner, por favor.
-¿Y para qué?
-Es un asunto gubernamental, -Sean le enseñó su placa, comprobando que era miembro de la CIA, funcionario y jefe de una zona del Pentágono, y otras cosas más.
- ¿Podría hablar con él a solas?
-Está bien, pero tenga en cuenta que está en su fiesta de cumpleaños.
-Gracias.Entraron resueltamente a la casa. En su interior vieron a una gran cantidad de parientes y amigos atónitos al verlos pasar.
-¿Kyle Xyner?
-Soy yo. -Respondió un chico, que estaba sentado en un sillón, sosteniendo un manubrio de bicicleta.
- ¿Qué sucede?
-Necesito hablar contigo, a solas.
-¿Sobre qué?
-De eso vamos a hablar a solas. Son sólo diez minutos de tu tiempo. Luego regresarás a tu fiesta; todo normal. -Explicó Sean
-Vamos, chico, no hay por que tener miedo. –Agregó su compañero.
-No tengo mied...
-Mejor así. Vamos. –Dijo Mike tomándolo del brazo y arrastrándolo al jardín.
Una vez afuera, Sean empezó a hablar:
-Verás, Kyle, yo trabajo para el Gobierno de los Estados Unidos. Estoy en un área de mucha seguridad, y muchos secretos. Yo sé que te han estado ocurriendo cosas anormales, ¿No es así?
-Si, yo, espere, ¿Cómo lo sabe?
-Estudio los genes humanos y sus comportamientos. En esta época de la Tierra, los genes empezaron a reaccionar de una manera "diferente". Vos sos uno de los afectados por estos comportamientos "anormales". Decime, por ejemplo, ¿El aire, para vos, siempre se comporta de manera normal
-No. Yo, es como que, vaya, que tontería.

-¿Cómo qué? –Preguntó Mike.
-Como que lo controlo, ¿Está?. Sí, ya sé: estoy loquísimo.
-No estás loco, está bien eso –Dijo Sean-. Te diré todo lo que tengas que saber, o lo que quieras saber, pero necesito algo: necesito que vengas conmigo. ¿Aceptarías si te propongo que me acompañes a Washington, al Pentágono? Sólo como amigo. Me gustaría probar tu "don". Si vienes, te contaré mi pequeño secreto.
-¿Cuanto tiempo estaré afuera?

-No mucho, unas semanas.
-¿Debemos partir ahora?
-Si, chico. El gobierno es el gobierno.
-Esperen a que busque unas cosas y me despida…

Palacio G, Francia:
El Embajador, Jason Grey, estaba sentado junto a la chimenea, vestido con su traje de monje. El Emisario ya debería estar de regreso, con alguna buena respuesta. Si ocurriese lo contrario, El hombre no quería ni imaginarlo. Se levanto y miró por la ventana. La calle estaba terriblemente silenciosa. Una de esas noches cerradas de París. De repente, vio levantarse polvo por todos lados: una figura apareció en medio de la calle. Se sostenía las rodillas, parecía muy cansado. La ropa estaba toda desgarrada. Iba a una velocidad tremenda. Menos mal que llegó. Lo vio entrar al palacio y un momento después alguien abre la puerta de la sala.
-¿Y bien? –Le preguntó.
-Nada. No me quiso escuchar. –Respondió el Emisario, respirando entrecortadamente.

-¿No tenés una respuesta positiva para el Emperador?
-No, no tengo.
-No, no, no. Recordá que el Jefe no es benévolo. El va a estar acá esta noche.
-Me... me tengo que ir.
-No, no vas a ninguna parte. Te quedás a explicarle todo.
-Pero… me va a matar.
-Quedate tranquilo, todavía no nos podemos dar el lujo de perder miembros.
Dicho esto, el Embajador se colocó nuevamente frente a la ventana. Una limosina de la década del '40 se acercaba lentamente hacia la entrada.
El Emperador se bajó de la limosina y entró en su palacio, esperando buenas nuevas por parte del Emisario. Entró en la biblioteca y se quito el abrigo. Ahí había dos personas, sus dos amigos y sirvientes.

-Buenas noches, señor Grey. Buenas noches, señor Smith. ¿Quieren algo de vodka?
-Ehh...
-Si, por favor, señor Emperador. –Dijo Jason.
El hombre les sirvió a ambos, aunque el otro no le haya respondido. Entonces se volvió hacia la chimenea.
-Bien, hablen –Dijo el Emperador, viendo como sus sirvientes cruzaban sus miradas-. ¿RN, señor Grey?
-Este... mmm...
-Si, señor Emperador. Fallé en la misión. Sólo traje respuestas negativas. –Dijo por fin Smith.
-¿Fallaste?
-S...sssi.
-No me gustan las RN, señor Smith. Le confié una misión sencilla y no la pudo cumplir. Ese muchacho no habría podido vencerle.
-Señor, quizás... quizás si yo lo acompañara...
-Eso es exactamente lo que va a hacer, señor Grey. No sin antes un pequeñito castigo.
El hombre estiró su brazo y tocó el pecho del Emisario. Todo se alumbró de color amarillo y dorado…

Los Ángeles, Estados Unidos:
Subió a su cuarto y agarró una mochila. Metió en ella algo de ropa y algunos objetos que apreciaba. Luego bajó corriendo. Los hombres lo esperaban en el vestíbulo. Kyle se aproximé a su madre y le contó la situación (sin decir lo paranormal, no quería que se preocupe). Ella aceptó:
-Justo como tu padre, se fue y nunca volvió.
Las lágrimas empezaron a caer sobre su rostro.
-Mamá, no llores, sólo son unas semanas. Además, creo que me cuidará la CIA. Así que no tienes por qué preocuparte.
-Está bien hijo. Andá. Pero antes una cosa.
Fue hasta una alacena que estaba al nivel del suelo. La abrió, corrió las cosas, sacó un cerámico del piso y extrajo un fajo de billetes.
-Esto es para vos.
-No va a hacer falta –Sean había presenciado todo-. El gobierno se hará cargo de los gastos del chico.
-Gracias señor. –Respondió la mamá de Kyle.
El chico saludó a toda la gente, Sean y Mike lo miraban impacientes. El chico tuvo que explicar que se tenía que ir de urgencia.
Salieron a la calle. Los agentes abrieron las puertas del auto.
-¿Vamos a ir en un Corvette? –Preguntó el joven, a lo que Mike se rió.
-¿Qué creías, que íbamos a ir en un Fitito?
Entraron al lujoso auto. Y se arrancaron con rumbo al Aeroparque. Antes de entrar, Kyle le pregunté al agente si podía hacer unas llamadas.
-Ah, se me olvidaba –Explicó Sean, y sacó un extraño y diminuto aparato. Acá tenés tu nuevo celular. Cámara de video de ocho mega píxeles, MP3, radiotransmisor, radar, touch screen y crédito infinito. Si te sucede algo y llevas esto encima, lo vamos a saber al instante. Tomá.
-Genial...
El chico llamó a su profesor de universidad y le avisó que faltaría por una “extraña enfermedad”.
-Vamos, subamos al avión. –Dijo Mike.
El avión despegó con rumbo a la capital…


CONTINUARÁ

miércoles 17 de diciembre de 2008

Capítulo 1: “Cosas que Pasan”

Su mano temblaba, no podía respirar con naturalidad, en la mesita ratona se veía la fotografía de su madre sonriéndole, se dedicó a observarla por un momento, hacía mucho que no veía a su familia, desde la muerte de su amigo Walter no había vuelto a ser el mismo, había dejado la banda, se había vuelto drogadicto, y había escapado de su mundo, dejando a sus amigos y a su familia. A veces los extrañaba, pero no quería volver a esa vida, y no había nada que pudiera hacerlo volver.
Miró hacia la ventana, pudo distinguir su reflejo: su largo pelo sucio, de un color oscuro y sus ojos marrones, ya casi sin vida; corrió un mechón de pelo que ocultaba el resto de su cara y se puso a mirar al exterior. El sol salía desde atrás de las montañas, la ciudad de Bariloche empezaba sus rutinas.
El ruido de un motor lo trajo de vuelta a la realidad. Había algo que tenía que hacer. Pasó por al lado de la computadora, que estaba prendida hace dos días, y en la cual aparecía un mensaje de su hermana Mía, “¡¡Por favor, Adrián, llamame!!”, rezaba el título del mensaje. Siguió caminando hasta el escritorio, abrió el cajón, y sacó la última bolsita…

A unos kilómetros de ahí, en la ladera de un cerro, estaba la casa de Necul. Tres veces sonó el despertador hasta que él lo empujó tirándolo al suelo, pero siguió sonando, el chico se odió por haber comprado el de mejor calidad. Se levantó de la cama y lo desactivó.
Fue hasta el baño y acomodó sus largos pelos que tan alborotados estaban por culpa de la almohada. Luego se puso el uniforme del colegio. Su hermano Matuhén todavía dormía. En realidad no era su hermano, hacía tres años que Necul vivía con ellos, él había estado en un orfanato hasta los trece años y luego escapó, dando entonces con la familia de Matuhén. Pronto se hicieron muy buenos amigos, la familia finalmente hizo los trámites de la adopción.
El chico decidió no despertarlo, podría ser que se sienta mal. Caminó hasta la cocina, tomó un vaso de leche y comió unas tostadas, luego volvió a su cuarto y preparó la mochila, fue entonces cuando se dio cuenta de que era sábado. Se acostó de nuevo en la cama con el uniforme todavía puesto…

Cerca del mediodía, en el Centro Atómico de Bariloche, un grupo de estudiantes extranjeros observaban la clase informativa, que impartía el profesor Farías en un aula, con mucho entusiasmo, todos salvo alguien. Martin no creía que su futuro estuviera en la ciencia, pero su padre ya les había pagado el viaje. Igual podía aprovechar para pasar el tiempo con sus amigos.
Cuando terminó la clase Martin agarró su mochila y se dirigió con sus amigos al auto alquilado.
-Al fin –Dijo Peter, un chico de pelo marrón claro y bien corto, en su inglés natal-. ¿No les pareció muy aburrido? Yo miraba el reloj a cada rato.
-También hay que darle crédito al pobre tipo –Dijo Tomas, quien era su mejor amigo.
-¿Quién maneja? –Preguntó Martin.
-Yo -Respondió Peter-. ¿Vamos al hotel con todos esos ratones de laboratorio, o a recorrer negocios mirando nenas?
-La segunda me parece mejor. -Dijo Tomas.
-¿Y tu novia?
-Está en Estados Unidos, no se va a enterar de que estuve mirando a otras chicas.
-La mía tampoco. Y hablando de eso, tengo que llevarle algo pero todavía no se qué. –Comentó Martin.
Peter se subió al asiento del conductor, Tom al del acompañante y Martin atrás.
El auto era un Peugeot 206 azul.
-¡Andando! -Exclamó Peter. Salieron del complejo científico. Recorrieron los nueve kilómetros que había hasta el centro de la ciudad, siempre mirando al lago. Pasaron de largo el Hotel Huemul, en el cual estaban alojados, y llegaron al Centro Cívico. De allí se dirigieron a la calle más importante de la ciudad. Estacionaron y se bajaron a recorrer los negocios.
Estaban sentados en un banco de plaza, frente a un local de chocolates. Comían una cajita de los susodichos, pensando cada uno en sus propios asuntos. Martin todavía no sabía que le iba a llevar a Clare. Tal vez una remera de las que decían: “Estuve en Bariloche”. Carajo, pensó, ¿Qué les gusta a las mujeres?
En eso Peter se encendió un cigarrillo.
-¿Quieren? –Preguntó a sus amigos.
-No gracias, no fumo. -Contestó Tomas.
-Yo sí. –Respondió Martin. Peter le dio uno a Martin y se lo encendió.
Él no fumaba tanto como Peter, tal vez uno por semana. Salvo que estuviese más nervioso, entonces fumaba más seguido.
-¿A dónde vamos? -Preguntó Tomas.
-No se, ya me esta dando hambre. –Contestó Martin.
-Entonces a un restaurante.
-Caminemos un poco, ya vamos a encontrar alguno. –Propuso Peter. Siguieron por la vereda, bajaron una cuadra en dirección al lago, y volvieron a caminar en el sentido anterior, llegando a uno con el nombre de un animal totalmente desconocido para ellos: “La Vizcacha”…

Hacia tiempo que Matuhén no dormía tan bien... Se despertó cerca de las 11:00. Luego de levantarse se dirigió a la cocina, abrió una alacena pero...no había nada. Decidió ir hasta el pueblo a hacer algunas compras. Salió afuera, y caminó hasta el establo. En eso escuchó…
-Vamos, apurate.
Se dio vuelta rápidamente, esperando encontrar a alguien detrás suyo, pero solo había árboles. Entró al establo y fue hasta las caballerizas, abrió la puerta y sacó a su gran amigo Trueno.
Comenzó a galopar montaña abajo cuando una liebre se les cruzó. Matuhén rápidamente gritó:
-¡Alto!
Mientras tiraba fuertemente de las riendas. No sólo Trueno frenó de golpe, arrojando al joven hacia adelante, si no que también se paro en seco el pequeño animal. En el aire trató de girar hacia algún costado para no llevarse por delante a la liebrecita. Por suerte cayó a unos escasos centímetros del animalito, pero sobre su propio hombro, el cual le dolió bastante al pararse. Rápidamente remontó en su caballo y siguió su camino, se volvió hacia atrás y vio a la liebre parada en el mismo sitio.
Luego de aproximadamente media hora de galope llegó al pueblo. Se dirigió, luego de atar a trueno, hacia el supermercado, tenía mucho hambre. Con las bolsas en la mano montó nuevamente a Trueno, esta vez con destino a un lugar para comer, llegó al restaurante de un amigo y dejó al animal atado atrás.
Los dueños del local, la familia Mela, le ofreció una empanada, como resistirse.
Ya saliendo vio a un grupo de norteamericanos decidiendo que comer. Entonces salió a la calle…

Leinad estaba en el medio de la conferencia, exponiendo su idea sobre neuronas sobreelectrificadas, en el medio de la sala principal del Centro Atómico. La cara de los médicos neurocirujanos no había variado en las últimas 2 horas que había estado hablando. Parecían poco interesados. Entonces llegó la peor parte de toda conferencia:
-¿Alguien tiene alguna pregunta?
Esa teoría ya fue elaborada. Comento una de las oyentes.
¿Usted estudió para ponerse la corbata torcida? Dijo uno del fondo.
Creo que usted quiere que le preguntemos alguna estupidez para poder refutarlo. Dijo otro.
No tiene caso escuchar a este tipo. Comento una vieja que se retiraba al pasillo.
Me gustaría saber cual es el número del tipo ese, que buenos brazos. Comentó una mujer de unos 30 desde el fondo.
No entendí absolutamente nada desde que arrancó a hablar. Dijo un sujeto de la segunda fila.
¡¡Tengo ganas de ir al baño!! Gritó un sujeto con un mostacho espectacular desde la primera fila.
Todos dijeron eso a la vez y con volúmenes cada vez más altos. Él observaba horrorizado como toda la sala sucumbía ante un terrible bullicio. Entonces no lo toleró más y gritó con toda la fuerza de sus pulmones:
-¿Se pueden callar por favor?
Todos lo miraron como si estuviese loco.
Al final del día el director del centro le dio un apretón de manos y le sugirió que fuera a su hotel y se tomara algo. Leinad no pudo comprender porque todos los del centro lo miraban de manera extraña, ni porque todos habían estado gritando durante toda la tarde luego de la conferencia. Decidió, entonces, hacer caso omiso a la sugerencia del director y se dirigió al centro de la ciudad donde fue a cenar a un restaurante conocido como "La Vizcacha"…

Necul despertó a las doce menos cuarto y decidió salir a andar en bicicleta. Matuhén ya no estaba en la casa. Debió haber ido a cabalgar. Media hora más tarde estaba en el parque de saltos, en realidad un terreno baldío a tres kilómetros de la casa.

Adrián estuvo en el departamento unas horas. Cuando bajó a la calle, el viento le pegó en la cara, no era el viento frío de unos días atrás, el verano estaba cerca, pero él ni siquiera notó eso, estaba muy concentrado en su objetivo, había casi perdido su capacidad de razonamiento, sólo escuchaba lo que el cuerpo le pedía.
Empezó a caminar, con rumbo a un sitio que ya muy bien conocía. Su frente sudaba, estaba pálido como una hoja. La gente que pasaba cerca de él se apartaba o cruzaba de vereda. Claro que no es de extrañar, un tipo con abstinencia en una calle tan transitada puede causar un efecto bastante peculiar…

Matuhén caminaba por la principal avenida cuando vio pasar a un tipo muy demacrado, el cual iba bastante apurado, como si lo único importante en el mundo fuera que él llegase a tiempo a su destino. No le dio mayor importancia, por más que la cara del hombre le sonara muy familiar. Había seguido caminando cuando escucho:
-¡Aahhhhhhhh!!!, ¡Ayuda!!!, ¡Por favor!!!
Vio correr hacia él a un muchachito de unos once años perseguido por un gran perro.
-Tranquilizate. -Le dijo al chico, el cual rápidamente frenó y se escondió detrás suyo, el perro que venía embalado chocó su hocico contra la rodilla del joven, pero extrañamente dio media vuelta y se fue.
-Gracias, muchas gracias, gracias, lo lamento mucho, gracias, perdón por todo, y gracias por todo. -Luego de lamentarse se fue corriendo.
Matuhén caminó una media hora hasta llegar a la estación de trenes, donde encontró a unos amigos suyos bebiendo. Lo invitaron a tomar un poco. Pero luego de un par de tragos decidió que ya era hora de ir volviendo.
Entro a “La Vizcacha”a buscar a Trueno. El animal estaba durmiendo, y no se despertó con ninguno de los golpes afectivos que le dio el chico, el cual se preocupó y le gritó:
-¡Despertate!
El caballo rápidamente se reincorporó y juntos salieron del negocio de comidas. Empezaron a cabalgar, pasando por una plaza…
El colectivo dobló en la esquina, esta es mi parada, pensó Danco, se acercó a la puerta, estiró su mano hacia el timbre, y justo entonces pasó, pudo ver los cables y circuitos que estaban adentro del interruptor. Bajó del vehículo justo en el momento que volvía a acelerar y se frotó los ojos, últimamente se sentía muy extraño.
Caminó dos cuadras y entró al negocio de su padre, se trataba de un restaurante llamado “La vizcacha”. Saludo al personal y a su padre, al cual le pidió una milanesa con puré y una lata de Pepsi. Terminó de comer, se despidió y salió a la calle. Se dirigió a la costanera, donde vio muchos autos estacionados y un hombre joven con una mochila en el hombro. Pudo ver el interior de la mochila, la cual estaba repleta de bolsitas con un polvo cuyas características desconocía, pero sospechaba. No decidió darle mucha importancia porque sus amigos lo esperaban, iban a salir a bailar…

Necul estaba haciendo un salto en una rampa de casi dos metros de alto, hecha de tierra, cuando apareció Matuhén. El jinete, al ver las habilidades acróbatas de su hermano, decidió intentar imitarlo. El salto se desmoronó y ambos, caballo y jinete, cayeron al suelo. Luego se un par de intentos más (fallidos, cabe decir), Matuhén decidió volver a su casa, ya estaba oscureciendo. Cuando volvía, subiendo nuevamente la montaña, encontró a la liebrecita parada, dura, como si no se hubiese movido en todo el día. Matuhén, casi tropieza con el animal, por lo que lo gritó:
-¡Movete, salí de acá! –A lo que el animalito huyó dando unos cuantos saltitos.
Cuando llegó dejó a Trueno en el establo, y subió a su habitación sin saludar a su madre, tenía que bañarse primero para quitarse el olor a alcohol que le habían dejado sus amigos. Al salir del baño encontró una nota de su madre, la cual decía que había ido al cine, y que tenía que preparase él la comida. Abrió la alacena y se encontró nuevamente con que estaba vacía. De pronto escuchó un ruido:
-Encontré estas junto a la rampa. –Necul había llegado y traía las bolsas del supermercado que se le debían haber caído al hacer el salto…

La habitación que compartían Martin y Tomas contaba con dos camas y un baño. Luego de bañarse y comer decidieron que podían ir a bailar, junto con Peter. Las luces de colores, los flashes, la música estruendosa, las bebidas, todo era muy confuso después de unas copas. A la salida del boliche, Peter se le acercó a Martin:
-¿Yya...nnos...vvamos?
-Sería lo mejjor... -Le contestó Martin, mareado y con ganas de vomitar.
-¿Vos…venís Tomas?
-No, mejor mee... voy caminando.
-Vamos entonnces –Dijo Martin sin preocupación-. Estaa vez yo maneeejo.
Subió al asiento del conductor y arrancó el auto. A unos metros del hotel aparece una curva peligrosa.
-Acelerá -Pidió Peter.
-Eh, bueno, está bien.
Apretó el pedal a fondo y giró el volante, pero el auto se desmoronó cayendo en el lago, entonces sintió como el auto se alejaba de él, o él del auto…

Después de recibir una buena dosis detrás de unos árboles frente al lago, Adrián decidió alimentarse, para lo cual subió una cuadra y encontró el ya muy recurrido restaurante. Entró y dejo la mochila cargada de sus drogas en el suelo junto a su mesa. Luego apareció el mozo:
-¿Qué desea comer? -Le ofreció. Adrián dijo que una milanesa no le vendría mal. El lugar estaba bastante vacío, ya era muy tarde, supuso que iban a cerrar en cualquier momento, sólo había una persona, un tipo de unos treinta y pico, que tenía un delantal, pero no miraba hacia él. El mozo se fue a la cocina. Estaba abriendo su mochila cuando de golpe sintió un fuerte viento que movió los manteles que había desde la puerta hasta donde él se encontraba, entonces apareció, casi como de la nada, delante de él, un tipo de su misma edad, el cual se corrió una de sus largas mechas rubias de la cara y se sentó enfrente suyo...
-Buenas noches Adrián -Le dijo.
-¿Como...?
-Mi nombre es John Smith, y tengo algo que ofrecerte...



CONTINUARÁ